Leyendo en Bicicleta

Siempre he pensado que no se puede mantener un blog si no se lee. Poca lectura equivale a poca escritura, o peor, a mala escritura. Esa es la razón por la cual, toda persona que desee mantener un blog con relativa seriedad, más que conseguir tiempo para escribir, debe conseguir tiempo para leer. Es la razón, también, por la cual este blog ha estado congelado ya varios meses.

Afortunadamente para los que blogueamos, estos tiempos digitales han cambiado sustancialmente el significado del verbo leer.

Y esto lo digo con propiedad, porque yo, ahora, leo en bicicleta. De hecho, en las últimas 3 semanas he “leído” 3 libros (dos han sido relecturas) mientras pedaleo por Santa Ana. La forma en la que lo hago es, obviamente, con audiolibros.

Confieso que hacia los audiolibros he tenido siempre resistencia. He tolerado bastante bien el cambio de tinta por pixeles, pero la tinta por decibeles me parecía dar un paso muy largo. Sin embargo, he encontrado la práctica de leer con los oídos no solamente agradable, sino profundamente adictiva.

Probablemente me dirán que no se pueden hacer dos cosas a la misma vez (menos si eres hombre), pero lo cierto es que si la actividad que acompaña a esta “lectura” está lo suficientemente automatizada (montar bici, manejar al trabajo), leer con los oídos es perfectamente posible. Obviamente, prefiero leer con los ojos, el problema es que para lograrlo debo tener tiempo y soledad, ambos elementos escasos en mi vida, como ya dije anteriormente. Me dirán también que los buenos libros deben leerse en soledad, en silencio y con calma; cosa que la que coincido. Los libros que oigo son más bien libros técnicos o de negocios, por lo que la literatura que tanto adoro sigue teniendo su lugar preferencial de consumo en el sofá de mi casa. De cualquier manera, si te gustan los libros y no tienes tiempo, siempre es mejor leer por los oídos que no leer del todo, ¿no les parece?

Cierro este post con una invitación a que prueben leer con los oídos. No conozco todavía muchos proveedores de Audiolibros, así que me limitaré a recomendar el que uso: Audible.com.

Esta empresa, propiedad de Amazon, no solo tiene uno de los catálogos de obras más extensos, sino que también ha desarrollado una serie de aplicaciones fantásticas para la lectura auditiva. Su App para iPhone es simplemente genial, pues te permite ver en qué capítulo vas, cuánto te queda por “leer” y hasta hacer bookmarks y anotaciones. Tiene, además, un fabuloso sistema de coordinación entre el Kindle y el Audiolibro llamado Whispersync for voice que permite que ambos se sincronicen. Así, por ejemplo, si estás leyendo en Kindle y paraste de leer en la página 150 porque tenías que salir en tu carro a algún lugar, puedes lanzar la aplicación en tu iPhone y ésta arrancará a sonar justamente en la página 150 donde dejaste de leer en pixeles. Lo mismo a la inversa: el libro en Kindle arranca en la página justo en el que dejaste de escuchar. Eso me parece maravilloso.

En definitiva, ya leer dejó de ser solamente el acto de pasar la vista sobre un papel blanco para decodificar caracteres impresos en tinta negra. Hoy leer también es escuchar. Ciertamente se renuncia a mucho de la magia de leer un libro de los viejos (el contacto con el papel, el olor, las tipografías, etc), pero al menos se aprovecha tiempo y se lee en situaciones en las que de otro modo, jamás se podría.

Eso para mi, es una bendición.

2 Comments

  1. Percysays:

    Eso si convengamos que ya no es leer, literalmente hablando, sino escuchar… sin descalificar el recurso ciertamente es un paleativo a la necesidad de nutrirse intelectualmente, pero quien crea que aprenderá a escribir mejor escuchando un libro… tendría que verlo.

    Al igual que tú, seguiré peleando con el reloj para robarle algunos momentos y pidiendo perdón a mi familia por las ausencia (no física), todo con tal disfrutar el sonar de las hojas de papel y ver como las letras se transformar en figuras, metáforas, analogías, en fin lecturas…

    saludos doctor.

    • ¡¡Ilustre!!

      Tienes toda la razón. Leer es, sobretodo, un acto de placer. Y los libros tienen valor que va más allá de su contenido. Una hermosa edición especial de alguna buena novela, por ejemplo, debe obligatoriamente leerse como se ha leído por milenios. Como dije en el post, escuchar un libro es renunciar a mucha de su magia y por eso es, justamente, un paleativo.

      Yo por ejemplo, no creo que pueda leer literatura de otra forma que no sea sentado en mi sofá, con mi lámpara y acompañado de un buen ron.

      Pero este recurso de “leer con los oídos” me ha sorprendido gratamente. Quizá lo que tenemos es la nostalgia por el hábito que estos tiempos movidos nos han ido arrebatando de a poco.

      ¡¡Abrazo grande!! Muchas gracias por la visita y el comentario, ¡¡la aprecio profundamente!!

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