Cucalú y el Light Phone. Reflexiones sobre el valor de la desconexión

Llevo tiempo desconectado del blog. No es raro, me pasa con frecuencia.

Intentando volver, como tantas veces, se me ocurrió escribir, justamente, sobre la desconexión. Dos ejemplos concretos sirvieron de impulso para tocar este tema.

El primero es Cucalu, un juego desarrollado por el diseñador holandés Daniel Disselkoen cuyo propósito es hacerte explorar el mundo (su nombre viene de la palabra holandesa “koekeloeren” que significa “mirar alrededor”). El juego consiste en tomar fotos que se ajusten casi de forma exacta a un patrón circular en la cámara. Es un juego de observación, en donde el celular interviene apenas unos segundos para registrar con la cámara lo observado. En el video que copio abajo se puede entender mejor el concepto.

Para cerrar el ejemplo, vean lo que colocan en su press kit:

At a time when people are glued to their screens, discovery is often miles away. Cucalu uses all the goodness in your phone to let you rediscover reality. It’s a public art project that reconnects players to their environment by using their phones. This makes it quite an atypical smartphone game: Cucalu challenges your creativity and allows you to explore reality, instead of your screen. What takes you through all Cucalu’s missions is a creative mindset.

El segundo ejemplo es el light phone, un teléfono diseñado para estar lejos del teléfono (hat tip a Consuelo, por enseñármelo).  En un mundo saturado de smartphones, tabletas y ahora smartwatches, en donde casi cualquier cosa puede pegarse a la red, esta gente saca un teléfono espectacularmente diseñado cuyo propósito principal es que lo uses lo menos posible. Brillante. Acá el video


Los ejemplos, además de ser interesantísimos en si mismos, permiten hacer dos reflexiones puntuales.

La primera y más obvia es que necesitamos realmente sacar un poco la cabeza de las pantallas, cualquiera de todas las que hoy dominan nuestro día a día. Hace falta respirar un poco de aire, leer en papel, observar el mundo, rayar en un cuaderno, construir algo; en fin, cualquier cosa que no sea digital y que nos ponga en contacto con actividades más naturales. Para mi, es la primera vez que paso tanto tiempo off-line (en redes sociales también he estado poco) sin sentirme obligado a regresar. Ahora, por ejemplo, después de trabajar, estoy intentando leer más. Pero leer de cualquier cosa que no sea trabajo. Así, he vuelto a algunos libros que me fascinaron hace algunos años. Libros de papel y tinta, nada de Kindle ni de iPad. Lejos de cualquier notificación o pop-up.

La segunda y menos obvia reflexión, es que la tecnología puede ayudar a desconectarnos. Suena paradójico, pero poco a poco van surgiendo herramientas y aparatos que sirven para remover lo tóxico de la tecnología manteniendo aquellos que realmente nos ayuda. Estos ejemplos que comparto, lejos de ser curiosidades, son evidencia de una nueva tendencia que se caracteriza por un regreso a lo humano, a lo vivencial, lo más apartado posible de pixeles y bytes. Para los que nos encanta un gadget, esto es una gran noticia. Es casi como la metadona: nos da una dosis más baja de algo que nos enloquece para permitirnos salir gradualmente del círculo.

Es probable que este regreso marca una diferencia de los anteriores, porque es un regreso menos ansioso. Es un también un regreso un poco más maduro, que busca darle más espacio a otros temas y al consumo de otra información. Un regreso que busca un equilibrio, que es a la misma vez, posible y necesario.