Un número infinito de cosas

El sábado 30 recibí la terrible noticia de la muerte de Julio Grande, querido amigo y colega.

Fue una noticia devastadora.

La muerte de alguien querido siempre rompe algo. En un texto increíble titulado “El Testigo” (El Hacedor, 1960), Borges expresa con claridad esa ruptura.

Hechos que pueblan el espacio y que tocan a su fin cuando alguien se muere pueden maravillarnos, pero una cosa, o un número infinito de cosas, muere en cada agonía, salvo que exista una memoria del universo, como han conjeturado los teósofos. En el tiempo hubo un día que apagó los últimos ojos que vieron a Cristo; la batalla de Junín y el amor de Helena murieron con la muerte de un hombre. ¿Qué morirá conmigo cuando yo muera, qué forma patética o deleznable perderá el mundo? ¿La voz de Macedonio Fernández, la imagen de un caballo colorado en el baldío de Serrano y de Charcas, una barra de azufre en el cajón de un escritorio de caoba?

Casi un siglo antes, Whitman se pregunta algo parecido, en su poema Oh Me!, Oh Life!
The question, O me! so sad, recurring—What good amid these, O me, O life?

Answer.
That you are here—that life exists and identity,
That the powerful play goes on, and you may contribute a verse.

Borges y Whitman hablan de lo mismo: el valor del individuo, de la persona.

Consigo consuelo e impulso en estos textos cada vez que alguien nos deja. Ese número infinito de cosas que perdemos cuando alguien nos deja es, también, aquello que sumamos estando.

La vida de Julio, con sus éxitos y el cariño de todos los que lo hemos llorado estos días, es prueba de ello.

No es poca cosa.

0 Comments

  1. Ileana Espinozasays:

    Pensando… tal vez lo que muera conmigo en amalgama junto con una lista extensa de trivialidades, son todos aquellos errores que, para mí, no fueron error.

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