Mnemósine y las musas, una reflexión sobre memoria y creatividad

Moonwalking_with_einsteinEstoy terminando de releer el fascinante libro “Moonwalking with Einstein, the art and science of remembering everything“, en el que Joshua Foer, periodista norteamericano, hace un repaso histórico y anecdótico del “arte de la memorización”, desde sus orígenes miles de años atrás, hasta la práctica de lo que en la actualidad se conoce como deportes mentales.

Confieso que empecer a leerlo por pura y simple curiosidad geek, pero acabé enganchado con la premisa del libro, de la cual se desprende luego una interesantísima reflexión sobre creatividad, cuya explicación es el propósito de este post.

La premisa

La idea de Foer es demostrar que cualquier persona es capaz de memorizar grandes cantidades de información con tan solo entender cómo, realmente, es que funciona nuestra memoria. La herramienta que utiliza para probar su punto (aunque no es la única que menciona) se conoce como palacio de la memoria o método de loci, y consiste en imaginar que se está caminando por un lugar altamente familiar (como la casa de tu infancia) e ir dejando en distintos lugares aquellos objetos o ideas que se desea memorizar. Luego, para recordarlos, basta con recorrer nuevamente este palacio mental y se podrá ver los objetos en los lugares en los que se los dejó.

La razón por la cual  este curioso método es tan efectivo está en que los humanos somos seres fundamentalmente visuales, por lo que nuestro cerebro registra con altísima precisión los espacios físicos en los que nos movemos con más frecuencia. Esto nos permite utilizar memorias de lugares para construir asociaciones que luego facilitan la recuperación de la información. La clave, desde luego, está en la asociación que logremos construir. De ahí que, para lograr la mayor efectividad, más que ir “colocando” los objetos a memorizar en los distintos “espacios” del palacio, es necesario además construir imágenes exageradas y llamativas relacionadas al objeto o idea que se quiere recordar. Por ejemplo, si debo recordar una lista de mercado que contiene objetos como atún, cerveza y carne, en mi recorrido mental voy imaginando que dejo un atún completo y vivo en la puerta de la casa, luego en la sala imagino una lata gigante de cerveza rebosante y helada, y finalmente imagino a una vaca viva sobre la mesa de la cocina. Luce absurdo, pero créanme cuando les digo que el método funciona asombrosamente bien.

Este “truco mental” es la base de todos los ejercicios de recordación utilizados por la mayoría de los llamados “atletas mentales”, quienes compiten en eventos extremadamente singulares como el Campeonato Nacional de Memoria de los EEUU, cuyas disciplinas van desde memorizar mazos enteros de cartas hasta listas de números aleatorios o poemas completos.

Suena rarísimo, lo sé, y brutalmente geek. Pero detrás de lo que hacen estos “atletas” se esconde una interesante verdad sobre creatividad.

La reflexión

En el capítulo 10, Foer comenta sobre una conversación que sostuvo con Tony Buzan, en la que éste le dice:

En nuestra grave incomprensión de la función de la memoria, siempre hemos pensado que ésta opera por repetición. En otras palabras, repites y repites hasta que tu cabeza se llena de hechos o datos. Lo que no hemos entendido es que la memoria es principalmente un proceso imaginativo. De hecho, el aprendizaje, la memoria y la creatividad son procesos similares enfocados de manera distinta […] El arte y la ciencia de la memoria consiste en desarrollar la capacidad de crear imágenes rápidamente, para luego vincularlas a ideas disímiles. La creatividad es la habilidad para formar conexiones similares entre imágenes dispares y luego, a partir de eso, crear algo nuevo para lanzarlo al futuro, convirtiéndolo en un poema, o un edificio, o una danza, o una novela. (p. 201 / Kindle location 2772)

El hecho de que para memorizar de manera efectiva tengamos que recurrir a asociaciones le da a la memoria un rol y un poder que no siempre es evidente y, peor aún, no siempre es aprovechado.

Esto [la creación] es la razón de ser del arte de la memorización. La memoria no era solamente una herramienta para guardar información, sino que era una herramienta para la invención y la composición. […] El objetivo de entrenar la memoria era el de desarrollar la capacidad de saltar de un tópico a otro para hacer nuevas conexiones entre ideas viejas. (p. 204 / Kindle location 2797)

La idea de que memoria y creatividad sean dos caras de una misma moneda parece contra-intuitiva, pero si pensamos que en el pasado remoto, los artistas e intelectuales tenían pocos métodos, más allá de su propia memoria, con los que “almacenar su recuerdos” , la idea de Buzan empieza a tener sentido.

Dos últimas reflexiones / datos tomadas del libro.

  1. Nuestro lenguaje tiene grabado dentro de sí el valor real de la memorización. Por ejemplo, las palabras inventario e invención tienen la misma raíz: la palabra latina “inventio“. Para nuestros ancestros, las ideas nuevas (invención) sólo podían lograrse de la combinación inusual de ideas viejas y para ello, primero era necesario tener esas ideas cuidadosamente guardadas (en inventario). Lo mismo ocurre con la palabra tópico para designar un tema en una conversación, cuya raíz es la palabra griega “topos” que quiere decir lugar.
  2. Mnemósine, la Diosa de la Memoria, era la madre de las 9 musas. Puesto en palabras simples: sin memoria, no hay creación.

Definitivamente no creo que sea necesario embarcarse en los tediosos entrenamientos que describe Foer en su libro y mucho menos  lo es convertirse en un atleta mental. Lo que si tenemos que hacer, al menos los que trabajamos en o con  “creatividad”, es entender que si bien consumir cultura en todas sus formas es importantísimo para el desarrollo de ideas, hacer un registro ordenado de lo que se consume es igualmente importante. No tenemos que tenerlo todo en la cabeza, pero si debemos tenerlo todo accesible. Quizá convenga repasar las herramientas digitales que hoy nos permiten clasificar y almacenar información que consideramos importante. Pienso en Pocket y Evernote, por mencionar apenas dos de las muchas que existen.

En definitiva, los inventarios, sean mentales o no, son indispensables para la creatividad.


Foto de la portada por Christopher Lane: Memory man: Joshua Foer in intensive training mode.